Categoría: Derecho de huelga

HUMOR INTELIGENTE ARTIFICIAL

twittergoogle_pluspinterestlinkedin

STC 17/2017, de 2 de febrero

Hace unos meses conocimos la STC 17/2017, de 2 de febrero, que rechazó se hubiese vulnerado el derecho de huelga mediante esquirolaje tecnológico de la empresa Telemadrid. Concretamente, con motivo de la Huelga General de fecha 29 de septiembre de 2010, Telemadrid no dejó de retransmitir el partido de Champions, Valencia CF vs. Manchester United, pese a que personal implicado en dicha retrasmisión deportiva secundase la huelga. Para ello, la empresa aprovechó los elementos técnicos en su poder (emitió por el codificador B de Abertis) y que los trabajadores no huelguistas realizasen sus funciones de modo distinto (la mosca de Telemadrid se insertó desde Grafismo, en lugar de desde continuidad), así como que el Supervisor realizase funciones de trabajadores huelguistas (insertar la mosca).

El Juzgado de lo Social y la Sala de lo Social del TSJ desestimaron demanda y recurso del Sindicato demandante y el Tribunal Supremo inadmitió el RCUD.

Recurrida en amparo la decisión judicial, el Tribunal Constitucional rechazó la existencia de esquirolaje interno, ya que, los trabajadores que no secundaron huelga no ejecutaron funciones distintas. E igualmente rechazó la existencia de esquirolaje tecnológico, partiendo de que el derecho de huelga no es ilimitado y debe, por tanto, soportar restricciones. También entiendió mayoritariamenhte la Sala que no se dio un uso abusivo del ius variandi empresarial (poder de organización) y que debe protegerse también el derecho al trabajo (su mantenimiento y conservación), dentro de una proporcionalidad y sacrificios mutuos; todo lo cual lleva a concluir que no existe norma que impida emplear medios técnicos y que no es exigible a la empresa una conducta de colaboración.

El voto particular a la Sentencia, que suscriben F. Valdés, A. Asúa, y J.A. Xiol, al margen de su valoración acerca de la existencia, en este caso, de esquirolaje interno, llama la atención sobre la falta de adaptación a las nuevas tecnologías.

Y es que la huelga es una medida de presión concebida en un modelo productivo del siglo XIX y XX, donde la mano de obra humana ha seguido siendo esencial para obtener la producción. El presente tecnológico y un futuro robotizado sobre el que ya no sólo se fantasea, sino que se antoja alcanzable, ponen sobre la mesa un nuevo modo de convivencia entre trabajadores y máquinas, cada vez más autónomas de la mano humana y que, incluso, llegarán a estar dotadas de inteligencia artificial.

Este escenario implica una menor necesidad del trabajador y, por tanto, un potencial debilitamiento de su capacidad de incomodar a la empresa mediante el modelo de huelga tradicional. Si el ordenamiento jurídico no reacciona y asegura una eficaz capacidad de presión de los trabajadores, es posible que algunos se sientan legitimados para acudir a la desobediencia civil y la ilegalidad finalista como única vía para defender sus intereses.