Categoría: Horario laboral

ATRACO PERFECTO

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STSJ Castilla y León (Valladolid) núm. 1596/2016, de 13 de octubre de 2016

El registo de jornada ha sido tema estrella durante este año 2016 y el asunto no es cuestión baladí habiendo tantas empresas con la tendencia a esconder bajo la alfombra de jornadas abusivas la búsqueda de eficiencia (mal entendida) en los costes salariales o los defectos de productividad.

Ya nos ha aclarado la Audiencia Nacional, especialmente en el sector de la banca, que las empresas deben registrar no sólo las horas extras, sino también diariamente la jornada ordinaria de trabajo. Y la Inspección de Trabajo y Seguridad Social ha dictado instrucciones e iniciado una campaña en la misma dirección.

La carga recae sobre la empresa, que debe articular un sistema de registro eficaz y, sobre todo, informar mensualmente a cada trabajador de la jornada realizada, para que aquél controle y, en su caso, reclame con la información en la mano.

Se ha puesto el foco en cómo debe cumplir la empresa esta obligación ante el temor de la actuación inspectora, pero existe otro temor a tener muy en cuenta, que nos recuerda la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (Valladolid) núm. 1596/2016, de 13 de octubre de 2016 (ECLI:ES:TSJCL:2016:3320), que hago viñeta en este post.

Y es que, según este pronunciamiento, si la empresa incumple su obligación de registro diario de jornada y de entrega al trabajador del cómputo correspondiente, ello va a liberar al empleado de probar las horas extraordinarias que, en su caso, pueda reclamar.

En el supuesto planteado, el Juzgado de lo Social había desestimado la demanda del trabajador por entender que la carga probatoria para demostrar la efectiva realización de horas extraordinarias recae sobre quien las solicita.

Formuló recurso de suplicación el trabajador alegando que la empresa incumplió su deber de entregarle copia del resumen de la jornada diaria, de acuerdo con el art. 35.5 ET.

El TSJ lo tiene claro y, con apoyo en el art. 35.5 ET y las sentencias dictadas por la AN (SAN 4 de diciembre de 2015), entiende que el trabajador cumplió su carga probatoria interesando como prueba en su escrito de demanda se requiriera al empresario para que aportara el registro de entradas y salidas correspondiente al periodo reclamado. De manera que, al ser desatendida por la empresa la correlativa la carga procesal que pesaba sobre ella ex artículo 217 LEC, no cabe ahora hacer recaer sobre el trabajador las consecuencias perniciosas derivadas de dicho incumplimiento, pues fue éste diligente tratando de traer al proceso los instrumentos de prueba adecuados para la constatación de su pretensión, recordando que ha declarado la doctrina jurisprudencial que dicho el registro es el mecanismo legal idóneo de acreditación de la jornada.

Así que, aviso a navegantes, registre Ud. la jornada si no quiere un atraco perfecto de horas extras en su empresa.

QUÉ ILUSIÓN, TE LO JURO

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Qué emoción que nos hablen de conciliación de la vida personal y laboral en un país como el nuestro, con un tejido empresarial donde abundan las PyMES justitas de recursos, con un mercado laboral gravemente precarizado y que presenta una de las tasas de desempleo más altas de Europa. Claro que sí: este es, sin duda, el mejor entorno para conseguir que las empresas colaboren ansiosamente con esta gran iniciativa del Gobierno y dejen a sus trabajadores irse a las 18:00h, como pretende la Sra. Ministra 😉

No querría yo quitarle la ilusión a Fátima, que espera con éxito «impulsar el fin de la jornada laboral a las seis de la tarde», pero no parece una meta fácil.

Para empezar, hablar de una hora concreta, las 18:00h, ya es un mal comienzo: ¿o alguien cree que este objetivo es aplicable a todos los sectores de actividad?. Obviamente es un planteamiento absurdo. Muchos trabajadores prestan servicios en actividades cuya franja horaria natural u óptima no coincide con este ideal de la Ministra (que debe estar pensado que todos tenemos trabajos de oficina).

De todos modos, razón no le falta a la Sra. Ministra para poner el tema sobre la mesa, porque es evidente que estamos ante una gran asignatura pendiente de resolver, aunque su solución no será posible sin la participación de todos: empresas, sindicatos, trabajadores, Administración, etc…

Ahora bien, partimos de un modelo cultural (tanto empresarial como social) que tardará algunas generaciones en superarse: empezando por cumplir estrictamente la norma laboral y pasando por nuestro concepto de PRODUCTIVIDAD.

Empresas, sindicatos y trabajadores deberían hablar de productividad y medirla y mejorarla para lograr, algún día, minimizar la importancia de la mera presencia, medida en términos de jornada laboral y horarios. Nadie (o muy pocos) hablan de cómo conseguir que seamos más productivos, más eficientes en la gestión del tiempo. Por su parte, la Administración, especialmente la educativa, debería facilitar calendarios escolares más acordes con los horarios de trabajo de los padres, por ejemplo.

En fin, se trata de demasiados cambios y muy profundos, complejos y progresivos, que hacen bochornosamente ingenuo el discurso oficial.