Categoría: Laboralidad

¡DÉJENME SALIR!

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En los últimos tiempos, vienen sucediéndose sentencias, todavía de instancia, que se pronuncian acerca de la consideración como trabajadores por cuenta ajena de repartidores de distintas plataformas digitales, que defienden la condición de trabajadores autónomos de aquéllos. También se han producido pronunciamientos en el mismo sentido en el ámbito de las cooperativas de trabajo asociado. Por otro lado, sabemos que pronto se despejará, judicial o legalmente, la incógnita sobre la obligación de registro diario de la jornada ordinaria, que quizá acabe ralentizando la gestión de las relaciones laborales con un carga burocrática importante. Igualmente, se quiere poner fin a la externalización de la propia actividad de la empresa como vía de optimización del proyecto empresarial si es a costa de los salarios de los trabajadores de la empresa contratista. Estas y otras son puertas por las que muchas empresas intentan escapar de las costosas y rígidas normas laborales, que a los trabajadores les parecen pocas y a las empresas, demasiadas.

La globalización, el capitalismo digital y otras nuevas realidades sociales y económicas piden paso, pero las normas laborales se resisten a cualquier cambio e, incluso, se endurecen, probablemente por temor a sacrificar su función tuitiva básica. Sin embargo, olvidamos que las normas laborales han sido, son y deben ser fruto del consenso de todos los afectados: no es un buen camino ni legislar ni interpretar en contra de una de las partes o de la otra. La opción debe ser el consenso, y para buscarlo todos deben dejar algo en el camino, a cambio del sacrificio del otro.

Tema complejo, sin duda. Pero, mientras llegan respuestas, aquí os dejo una viñeta para poner imagen a esta huida frustrada.

Saludos

POCA AUTONOMÍA

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Sentencia núm. 244/2018 del Juzgado de lo Social 6 de Valencia

Llegó la primera Sentencia de Juzgado de lo Social que se pronuncia sobre la laboralidad de una de las nuevas formas de prestación de servicios, rebajada de notas de laboralidad merced a reducir a la mínima expresión el contacto con el comitente del servicio, gracias a las nuevas tecnologías.

A pesar de esa rebaja y de lo que pacten las partes por escrito, el juzgador, en este caso, sigue viendo una relación laboral por cuenta ajena, al ver en ella las notas de laboralidad típicas (arts 1.1 y 8.1 ET) y estima la declaración de improcedencia del despido, condenando a Deliveroo a readmitir al trabajador o a abonarle la indemnización correspondiente.

El juzgador ve la dependencia (i) en que se afirma que el repartidor “trabajaba siguiendo las instrucciones” y “bajo las condiciones fijadas unilateralmente” por la empresa, (ii) en que “decidía la zona en la que el trabajador debía desempeñar sus funciones”, (iii) en que determinaba el horario y turnos semanales de cada repartidor y establecía la forma en que se debía llevar a cabo el servicio de reparto” (no pudiendo rechazar pedidos dentro de su horario), (iv) en que “la empresa tenía en todo momento geolocalizado al trabajador”, ejerciendo constante control sobre el mismo (le podía pedir explicaciones en todo momento), y (v) en que la posibilidad de ´subcontratación no sólo se consideraba residual, sino que además estaba sujeta a autorización de la empresa por escrito, conllevando en la práctica, la prestación personal del trabajo.

El juzgador también ve la nota de ajenidad (i) en que la empresa “fijaba el precio del servicio a los clientes y cobraba ésta a través de la aplicación” (el repartidor no podía recibir dinero en metálico, salvo propinas), (ii) en que el repartidor percibía su retribución “con independencia del cobro por parte de la empresa, y tras la elaboración por parte de ésta de la factura correspondiente”, (iii) en que la empresa ponía los medios de producción, pues los vehículos y teléfonos móviles aportados por los “riders” constituyen un mero instrumento sin relevancia económica suficiente, y (iv) en que la empresa era quien controlaba los pedidos de los clientes a través de la plataforma y los restaurantes adheridos a la misma, siendo la propia empresa quien manifestaba que los repartidores eran “la imagen de la compañía de cara al cliente”.

The Upside Down

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STS (Social) de 24 de enero de 2018 (RCUD 3394/2015)

Los seguidores de la conocida serie de TV, Stranger Things, saben que existe otra realidad paralela, el Mundo del Revés (The Upside Down) donde se reproducen los mismos lugares y estructuras que en el mundo real, pero sin vida, y que puede abrirse un portal por donde se cuele el Demogorgon.

Pues, el mundo laboral también tiene su Mundo del Revés, cuando la típica actividad por cuenta ajena aparece en otro lugar aparentemente sin las notas típicas de laboralidad. Ese portal existe y se abrió en la empresa protagonista de esta Sentencia del TS, por donde se coló un instalador de ascensores con un contrato civil de colaboración para la actividad de montaje y reparación de ascensores, con su horario y sus vacaciones (libremente escogidos por él, aunque la empresa le excluía ciertos períodos de descanso), sus herramientas ordinarias (aunque los ascensores los ponía la empresa), sus EPIs (aunque otros se los ponía la empresa), su vehículo y su móvil, si bien la formación sobre el montaje y reparación de ascensores la recibía de la empresa, que también le fijaba precio y plazo de ejecución.

Tras resumir la Sentencia los criterios que deben tenerse en cuenta para considerar la naturaleza laboral o mercantil de una relación contractual (el arrendamiento de servicios exige que la prestación de actividad se limite a la práctica de actos profesionales concretos, sin sujeción a jornada, vacaciones, órdenes ni instrucciones, practicando su trabajo con entera libertad) y recordar los indicios comunes de dependencia (la asistencia al centro de trabajo, el sometimiento a horario, el desempeño personal del trabajo, la inserción en la organización del empleador, etc.) y de ajenidad (la puesta a disposición de los productos o servicios realizados, la adopción por parte del empresario de decisiones concernientes con el mercado o el público (fijación de precios, tarifas, clientela,… el carácter fijo o periódico de la remuneración del trabajo, etc.), la Sala considera que, en este caso, la actividad del instalador de ascensores tiene naturaleza laboral, pues:

– existe ajenidad: los frutos del trabajo pasan, ab initio, a la mercantil, que asume la obligación de retribución de los servicios y el riesgo empresarial.
– existe dependencia: el trabajador se inserta dentro del ámbito de organización de la empresa, que le proporciona tanto los bienes de equipo como las instrucciones de montaje.

No desmienten esta realidad otros indicios como la ausencia de horario o libertad a la hora de tomar vacaciones, que la Sala considera marginales.

LA BECARIA POSEÍDA

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La becaria poseída_

SJS núm. 33 de Madrid, de 10-11-2015

Os dejo en esta entrada una nueva viñeta dedicada, esta vez, a una Sentencia del Juzgado de lo Social núm 33 de Madrid, 10 de noviembre de 2015, que he tenido ocasión de conocer y que tiene el interés de, una vez más, constatar la utilización abusiva de la figura del becario/a.

Por tratarse de un fenómeno absolutamente inaceptable, he creído oportuno dar protagonismo a una Sentencia de Juzgado de lo Social. La Resolución revisa los criterios básicos para diferenciar la actividad del/la estudiante en prácticas (becario/a) y la de un trabajador.

En el supuesto analizado, la ITSS constata que, bajo la cobertura formal de convenios de colaboración con universidades, fundaciones universitarias, institutos universitarios o entidades educativas privadas, los becarios/as realizan actividades tales como edición y redacción de noticias, corrección y edición de textos periodísticos, publicación de artículos, aplicación de técnicas de marketing online, asistencia en redacción de temas financieros y edición de noticias, entre otras.

La Sentencia recuerda que, de acuerdo con la doctrina de Tribunales, los criterios que deben manejarse para determinar si nos encontramos ante una situación de becario o una situación laboral son:

  • Tanto bajo la beca como bajo el contrato de trabajo se realiza una actividad remunerada.
  • Pero, la actividad del becario no tiene por objeto la actividad productiva del empresario: las tareas encomendadas al becario deben estar en consonancia con la finalidad de la beca, que es facilitar el estudio y la formación del becario. Debe tratarse de tareas a modo de ejercicios académicos, pensadas con esa finalidad y con el propósito de servir de procedimiento de obtención de conocimientos y experiencias.
  • Y el empresario no incorpora a su patrimonio la actividad del becario. La actividad, el esfuerzo, el estudio… del becario no debe orientarse a obtener un resultado o fruto para que del mismo se apropie la empresa o entidad de estancia, obteniendo así una utilidad en beneficio propio. No puede emplearse la actividad del becario para la producción empresarial integrándose en la propia actividad de la empleadora para que haga uso de ellas para su aprovechamiento.