¡DÉJENME SALIR!

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En los últimos tiempos, vienen sucediéndose sentencias, todavía de instancia, que se pronuncian acerca de la consideración como trabajadores por cuenta ajena de repartidores de distintas plataformas digitales, que defienden la condición de trabajadores autónomos de aquéllos. También se han producido pronunciamientos en el mismo sentido en el ámbito de las cooperativas de trabajo asociado. Por otro lado, sabemos que pronto se despejará, judicial o legalmente, la incógnita sobre la obligación de registro diario de la jornada ordinaria, que quizá acabe ralentizando la gestión de las relaciones laborales con un carga burocrática importante. Igualmente, se quiere poner fin a la externalización de la propia actividad de la empresa como vía de optimización del proyecto empresarial si es a costa de los salarios de los trabajadores de la empresa contratista. Estas y otras son puertas por las que muchas empresas intentan escapar de las costosas y rígidas normas laborales, que a los trabajadores les parecen pocas y a las empresas, demasiadas.

La globalización, el capitalismo digital y otras nuevas realidades sociales y económicas piden paso, pero las normas laborales se resisten a cualquier cambio e, incluso, se endurecen, probablemente por temor a sacrificar su función tuitiva básica. Sin embargo, olvidamos que las normas laborales han sido, son y deben ser fruto del consenso de todos los afectados: no es un buen camino ni legislar ni interpretar en contra de una de las partes o de la otra. La opción debe ser el consenso, y para buscarlo todos deben dejar algo en el camino, a cambio del sacrificio del otro.

Tema complejo, sin duda. Pero, mientras llegan respuestas, aquí os dejo una viñeta para poner imagen a esta huida frustrada.

Saludos

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