Los/las juristas somos gente que nos tomamos muy en serio a nosotros/as mismos/as. Basamos nuestra actividad precisamente en proyectar esa deslumbrante aura de respetabilidad y solemnidad, en la que no pueden tener cabida el humor ni la risa. Y aunque es inevitable que así deba ser cuando estamos interviniendo en un conflicto real o dirigiéndonos a un foro de sesudos/as ilustres, lo cierto y verdad es que existen otros contextos donde podemos (y deberíamos) permitirnos cierto relax. Particularmente, cuando queremos divulgar y comunicar; porque el Derecho, en general, y en particular mi especialidad, el Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, contado tal cual, puede convertirse en un peñazo insufrible, incluso para nosotros/as mismos/as, que aunque estemos entrenados/as para soportar largos discursos y extensos textos más allá de la media del resto de mortales, también tenemos nuestro límite a lo soporífero.

Hace unos años que decidí explorar este camino y tratar de plasmar resoluciones judiciales de forma gráfica y sintética, mediante viñetas, de una forma que a nadie se le hubiera ocurrido. Vengo buscando así una forma simple y sorprendente de expresar lo que creo relevante de una Sentencia con lo mínimo indispensable.

Yo me dedico al Derecho Laboral, más por accidente que por vocación y, en esta materia, la multitud de conflictos que llegan a los órganos jurisdiccionales ofrecen situaciones a veces tan llamativas técnicamente que acaban construyendo una realidad de chiste. A mí, al menos, me lo parece. Y no significa esto que el chiste quite importancia a la aplicación del Derecho, para nada, pero tener una visión cómica de los pronunciamientos judiciales puede suponer muchas veces un modo inteligente de aproximarse en serio a la solución técnica jurídica del caso. Cuando las Sentencias, llevadas a un grado elevado de exageración, se convierten en esperpento, pueden ser una fuente de creatividad casi inagotable.

Recurro al humor y la sátira para llamar la atención sobre el aspecto que quiero resaltar del pronunciamiento judicial. A veces puedo forzar algunos límites, jugar a provocar, pero desde el humor creo que es un ejercicio muy sano. Nada de lo que dibuje va a ser tan ofensivo que no se pueda neutralizar con argumentos mejores o, simplemente, con la indiferencia. Si hago una viñeta sobre un despido colectivo, lo hago para satirizar quizá la respuesta judicial, no para reírme de los afectados por la medida extintiva. Lo hago porque hace gracia!

No soy dibujante ni ilustrador, sino jurista. Son otros los artistas gráficos y humoristas cuyo ingenio y creatividad admiro profundamente. Yo solo soy un tímido aficionado. Pero sí intento poner de mi cosecha la otra mitad del trabajo: pensar la imagen que quiero, escribir las frases o la palabra exacta, corregirla, darle vueltas, buscar la sorpresa que permita que el chiste se cierre. No soy gracioso por naturaleza, no me sale la viñeta por generación espontánea. He de leerme la Sentencia, buscar su punto inesperado hasta encontrar algo que pueda convertir en comedia o chiste. Luego le doy mil vueltas, lo intento plasmar, a veces no sale, a veces no acierto, y otras veces encuentro la chispa.

Espero con esta iniciativa no ofender a nadie, sino todo lo contrario: contribuir a retener con menor esfuerzo la doctrina de los Tribunales.

Saludos

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